fundador

Fundador Vida y Obra

19 mayo, 2015

SUS PRIMEROS AÑOS ORDENACIÓN SACERDOTAL

El Venerable Siervo de Dios Pablo de Anda Padilla, nace el 8 de Julio de 1830, en un pueblo Mariano por excelencia: San Juan de los Lagos, Jal. Sus padres, Don Mariano de Anda y Doña Sanjuana Padilla, tuvieron cinco hijos, como frutos de bendición de su matrimonio: Pedro, José Sóstenes, María Rita y María del Refugio, además de Pablo, que ocupó el último lugar entre sus hermanos.

Pablo recibió una educación cristiana y mariana mientras vivió en el hogar de sus padres. El ambiente familiar favoreció sus aspiraciones al Sacerdocio. Cuando llegó para él la hora de Dios, sus mismos padres propiciaron y apoyaron la vocación de su hijo y lo llevaron a la ciudad de León, Gto.


ORDENACIÓN SACERDOTAL

D. Pablo, llegado al final de su carrera, pidió al Sr. Obispo de Michoacán, Mons. Clemente de Jesús Munguía que se le confirieran las Ordenes Sagradas. Para ello se le exigió la excardinación de la diócesis de Guadalajara. Dos veces hubo de hacer estos trámites por haberse extraviado en el correo la documentación, hasta que al fin se dirigió a la diócesis de San Luis Potosí, donde fungía como Secretario de Cámara y Gobierno un pariente suyo.

Recibió de manos de Mons. Pedro Barajas Moreno la Ordenación Sacerdotal. Tuvo lugar este suceso culminante en la vida de Don Pablo el 24 de agosto de 1856, en la iglesia parroquial del Venado.

Comenzó a ejercer su ministerio y a desplegar su caridad, en la Diócesis de San Luis Potosí; donde permaneció durante los primeros once años de su Sacerdocio; al cabo de los cuales, fue invitado a pasar a la recién fundada Diócesis de León, Gto.


FUNDACIÓN DE LA CONGREGACIÓN

El Padre de Anda fue un apóstol incansable: abrió una Casa de Misericordia, para niños, enfermos y ancianos desamparados; creó Talleres para enseñar diversas artes y oficios; fundó un Hospital; atendía con solicitud, tanto a las Hijas de María, como a las Conferencias de San Vicente; no se desdeñaba de trabajar con los pobres, enfermos y desarrapados. Construyó un Santuario a la Morenita del Tepeyac, así como la Casa de Ejercicios contigua a dicho Santuario. Al mismo tiempo cumplía con sus obligaciones corales y dirigía por los caminos de la perfección cristiana a algunas almas selectas, que abundaban en la Asociación de Hijas de María.

El Espíritu Santo le inspiró la fundación de la Congregación de “Hijas Mínimas de María Inmaculada”. Prudentemente exploró la voluntad de aquellas Hijas de María en las que más podía confiar para realizar esta obra. Amaneció el 25 de marzo de 1886; cuatro señoritas respondieron alegremente a la llamada que el Señor les hacía por boca de su ministro Pablo de Anda. ¿Sus nombres? MERCEDES DE SEÑOR SAN JOSE REYES, que llevaba hasta entonces el nombre de Soledad, a quien comunicó su espíritu, basándose en las palabras de San Juan: “Dios es caridad, el que vive en la caridad vive en Dios y Dios en él.” CONCEPCIÓN DE SEÑOR SAN JOSÉ BARRÓN, conocida en el mundo con el nombre de Refugio Barrón, GUADALUPE DE SEÑOR SAN JOSÉ REYES, bautizada con el nombre de Juana, y MARíA DE SEÑOR SAN JOSÉ MEABE, María.

El Sr. Obispo D. Tomás Barón y Morales, que dio su bendición y licencia para la fundación del nuevo Instituto, les concedió facultad para tener un pequeño oratorio y en él celebrar la Santa Misa y guardar el Sagrado Depósito.


NACIMIENTO DEL CARISMA

Pablo de Anda pasó haciendo el bien a los marginados y maltratados, a los pobres y necesitados, con gran amor y misericordia. Su espíritu fue de amor y de servicio; no había pena que no tratara de resolver, en la medida de sus posibilidades.

De ahí que nuestro Carisma sea: “Configurarnos con Cristo Misericordioso, a favor de los pobres y necesitados, como María, en espíritu de familia”.


ULTIMA ENFERMEDAD Y SANTA MUERTE

Tres años antes de morir fue acometido de una grave enfermedad; entonces se redujo su ministerio a trabajar en la dirección de las obras que tenía emprendidas.

El 28 de junio de 1904, apenas había acabado de celebrar la santa Misa sintió un intenso dolor, que por los síntomas, era producido por cálculos o piedras en la vejiga. Tales dolores había padecido en épocas anteriores. Los recursos de la medicina no dieron buen resultado. Pasó todo ese día sin alivio alguno. Por la noche le fue administrado el Sagrado Viático y la Extremaunción por el Señor Deán, D. José María Velázquez, acompañado de varios sacerdotes, especialmente de los RR. PP. de la Compañía de Jesús.

Poco antes de perder el habla, y expresándose ya con gran dificultad, les dijo a las Hijas de María que rodeaban su lecho de muerte: “Sed santas, sed santas”.

Luego dirigiendo su mirada a la Superiora de las Religiosas Mínimas, por él fundadas, le dio a ella, y en ella a todas sus Hijas, parecido mensaje: “Madrecita Rosa, me voy a morir; pero en el cielo rogaré por todas; les dejo con usted a todas mis hijitas, mi bendición: Dios me las bendiga: Háganse santas, háganse santas”. Después de media noche entró en agonía, falleciendo a las cuatro de la madrugada del 29 de junio de 1904.

Su muerte fue tranquila y sosegada; una luz que se apagaba lentamente en este mundo para brillar como lumbrera en la eternidad. Contaba 74 años de edad y 47 de sacerdocio.